(COMO CUALQUIER MUJER...)
IN SPANISH TONGUE...
https://www.youtube.com/watch?v=lo3gfKnSouw
UNA TAZA MÁS PARA RIMBAUD (Parte 4)
Rimbaud, la realidad y el deseo
LA SOLEDAD DE LOS PASILLOS
PRÓLOGO.
El siguiente relato aconteció en la primavera de 2037, era en otra vida, llena de lodo y barro. Y el camino siempre estaba cubierto de polvo.
La soledad. Me piden que hable de la Soledad.
A mi entender, hay tres formas de Soledad:
- La física, o sea, estar absolutamente solo en el Universo.
- La mental, es decir, sentirse completamente solo, con mucha gente alrededor.
- Y la de los pasillos, esos pasillos físicos o mentales que parecen no tener fin,
Los recorres una y otra vez y te sigues sintiendo totalmente solo, aunque se crucen contigo personas o almas que te hablan o no, pero eso es indiferente, tu soledad te acompaña a lo largo del pasillo, como una sombra, pero que tampoco puedes tener como amiga.
Entonces te das cuenta de que no hay nadie a tu alcance, ni nadie para ayudarte o consolarte.
Sólo aparecen a tu vista seres inertes, sin alma, colocados de uno en uno, de dos en dos o de tres en cuatro.
Estos seres parecen estar hechos de un metal no conocido, quizá parecido a la fibra de vidrio, como cascos de motocicleta, pero intuyo que no amortiguan los golpes como aquellos, sino más bien los evita, esquivan, o simplemente pasan de ellos, porque al fin y al cabo están desposeídos de conciencia, sentimientos vivos, sólo obedecen a estímulos según las pautas aprendidas en sus cursos de aprendizaje.
Aquella mañana, en el Hotel, se presentaron ellos, a eso de las 8,30. Iban vestidos de azul, igual que los seres inertes, que ves en los pasillos y detrás de la recepción del Hotel. Si los miras de pasada o de reojo, todos te parecen iguales, llevan la misma sonrisa inexpresiva y fría y repiten hasta la saciedad las mismas frases conocidas ya por todos.
Estos seres no portan armas, pero a veces te provocan una especie de mezcla entre miedo, angustia, sinsentido y ganas de salir corriendo.
En los pasillos, el ambiente huele a amargo.
Los robots del Hotel combaten ansiedad, malestar y depresión con pastillas, riñas continuas y presión.
Las máquinas humanoides desconocen o no están programadas para comprender que en la calle, fuera de este Hotel, todos somos iguales.
Estas máquinas atienden a los medios de comunicación con amabilidad y les presentan el lado positivo y los fantásticos servicios que ofrece el Hotel.
Pero uno sigue sintiéndose completamente solo en el Recinto, soledad mezclada con depresión y que no tiene aspecto de marcharse de la persona.
Esta soledad, provocada por un sistema hostelero injusto, insuficiente, poco humano, créanme es una de los peores sentimientos que puede tener un ser humano, y más, si éste es sensible y piensa.
La Soledad de Belinda
Belinda no era una mujer normal. Solía pasear en pijama día sí y día no por los pasillos del Hotel, con la mirada eterna de quien va a ser juzgado ante un tribunal, o ejecutado al día siguiente. Por la mañana ya se sentía sola. Bueno, exactamente sola no, ahí estaba ella, con su soledad y su problema.
Belinda no era normal… Esta sola moral y mentalmente. Claro que su pasado tampoco era normal, asuntos familiares y conyugales la tenían atrapada como un conejito en una jaula. La dejaron sola también ellos. De mañana siempre aparecía por los pasillos del Hotel con un problema nuevo, al que ella le daba una importancia suprema, como si el mundo estuviera acabando para ella. Lo peor era que tenía una maravillosa forma de contagiar y hacer partícipe de ello a cada una de las personas que la rodeaban, como buscando cómplices para que la ayudaran o simplemente la escucharan, o quién sabe, quizá para que se sintieran tan mal o peor que ella, lo cual era bastante difícil.
A no ser por las ojeras diarias que se habían instalado como ocupas y sin permiso en sus mejillas, se podría decir que Belinda era atractiva. Tenía el encanto de las mujeres cincuentonas que habían sufrido mucho pero a la que las arrugas no habían querido ir a visitar por no causar aún más daño irreparable.
Belinda se levantaba de la cama sola, todos los días, fatal, con ganas de morir y con el pensamiento perenne de no haber querido haber nacido nunca, así que su defensa era involucrar a amigos o sólo conocidos en aquella suya atormentada vida.
Belinda iba cambiando de carácter con el transcurrir del día, hasta que al caer la tarde, y sobre todo de noche, aquel rostro algo demacrado se tornaba, a la luz de la luna, en otro muy distinto: el problema del día, difícil de enfrentar y soportar por la mañana, ya era visto por ella de forma distinto, ella ya no estaba nerviosa, o al menos, no se le notaba. Pero el problema dormía en su cama y se levantaba al día siguiente a la misma hora que ella, y la atosigaba, acentuando sus ojeras y, como una lapa, la acompañaba durante el ciclo solar, hasta que su figura se iba difuminando hasta convertirse en un problema digamos virtual, a la llegada de la noche.
Pero Belinda debía crearse a la mañana siguiente o a la de después de la siguiente, un nuevo problema, al que ella daría de desayunar convenientemente para que creciera fuerte y vitaminado en su cabeza y le hiciera dar vueltas por todo el entorno del hotel hablando de él y transmitiéndolo con todas sus energías a sus allegados, los cuales, por otra parte, ya tenían sus propios problemas, problemas que por supuesto eran infinitamente más pequeños e insignificantes que los de ella. Porque los problemas de Belinda, los del pasado, y los que iba creando en el presente, eran los asuntos más graves ocurridos a persona alguna, después claro del Holocausto Nazi….
Belinda estaba y se sentía absolutamente sola, el Hotel no cumplía sus expectativas, pero en el fondo, sabía que debía quedarse en él.
Belinda se encontraba completamente sola, así que se dedicaba a hacer muchísimos amigos virtuales, como los que tenemos todos en el FACEBOOK
Javier Fuentes. 2015
(c) Javier Fuentes.
Copyright propiedad de Javier Fuentes y Jose Javier HUnter & Co. Ltd.
(Madrid; U.K. U.S.A.) U.S.A. 2017) )
Prohibida su copia y difusión no autorizada
Cualquier forma de plagio del presente relato será oportunamente denunciada.








5 comentarios sobre “Rimbaud, la realidad y el deseo”